Estados Unidos – Israel – Irán (25 marzo 2026)
Las guerras a lo largo de la accidentada historia de la humanidad, siempre han sido el lado absurdo de las acciones de los seres humanos, porque nos autodestruimos, atentan contra el más elemental sentido común, y cuestan sangre, vidas y sufrimientos, especialmente en los más débiles. En la naturaleza también hay guerras, como entre especies por la comida o entre bacterias y hongos en la microbiología; pero, el fin último antes de que el ser humano meta la mano en este equilibrio es lo que ha permitido la supervivencia de las especies que garantizan la continuidad de la vida en el planeta, aun sacrificando a las que menos se adaptan a los cambios, tal como lo sostuvo Charles Darwin después de su viaje por el mundo en 1859.
Se podría decir que su origen puede ser la ambición humana, como lo sostiene Milton Freidman, el padre del Neoliberalismo en su libro Free to Choose de 1980; y mucho años antes, Frederick Engels, en su libro El origen la Familia, la Propiedad Privada y el Estado (1884), asocia los conflictos entre las clases desde el aparecimiento de la propiedad privada de los medios de producción.
Pero, con el aparente inicio de esta nueva Era, “sin carnaval ni comparsa”, como diría en unas de sus canciones más conocidas un popular cantautor argentino, las cosas se han complicado. El océano de datos e información presentes en las redes sociales y la descarada y bien pagada manipulación de las noticias por todos los medios de comunicación, han confundido tanto al ciudadano común que, simplemente ya no sabe quién dice y cuál es la verdad sobre cualquier acontecimiento público, peor, si detrás hay intereses económicos, políticos, culturales o todos juntos.
En estas circunstancias, es obligación de la Masonería ofrecer a la humanidad la luz de la que se precia y vanagloria, sobre estos acontecimientos contemporáneos; aprovechando su experiencia, que ya cumplió su primer milenio, vale decir que es un testigo privilegiado de las últimas transformaciones de la humanidad, porque tiene la ventaja comparativa, al menos en teoría, de no abanderar corrientes religiosas, económicos o políticas; y, por otra parte, contar con invalorables herramientas filosóficas, de principios, e incluso de ritualismos heredados desde las primeras Logias y de sus distintos Ritos.
Qué realmente pasa en Medio Oriente e Irán.
Una guerra no declarada formalmente que se inicia un 28 de febrero de este año, en pleno comienzo del Ramadan de los creyentes islámicos, que abalanza a dos de las mayores potencias militares del mundo (Estados Unidos e Israel) sobre un país con una historia milenaria y el primer Imperio Transcontinental a sus espaldas (Irán).
Pero, en realidad, hay una guerra previa, que ya se ha desatado meses y años atrás en los medios de comunicación y en las redes sociales, que bombardean a cualquier ser humano que tiene la mala fortuna de estar encadenado a un aparato de televisión o a un teléfono celular, de cantidades cuasi infinitas de informaciones y relatos claramente contradictorios, si se tiene la mínima precaución de consultar algún libro o documento serio o, al menos, de ver los medios de comunicación que se dicen independientes y peor uno de los del otro lado, si por si acaso se tiene acceso a ellos, asunto no siempre posible en países que pregonan la libertad de información.

Las explicaciones más corrientes y fáciles de entender, no siempre las más cercanas a la verdad.
1. Las “ansias” por el petróleo y otras fuentes de energía
Las “ansias” de los países de mayor desarrollo por el petróleo y otras fuentes de energía: la lógica parece simple, como les fue bien en un país subdesarrollado (Venezuela), ahora vamos por uno más grande y que, además, les es incómodo, porque me botaron de ahí, vergonzosamente hace 47 años, cuando triunfó la Revolución Islámica. Claro que Irán no es Venezuela, ya que posee un desarrollo tecnológico propio que también se aplica a la industria militar.
Pasaron las épocas de los Imperios europeos de los siglos XVI al XIX que arrasaron los recursos e incluso masacraron amplias regiones de América, Asia y África, constituidos por países en formación y territorios subdesarrollados y más o menos indefensos.
Pero si se tratará de re-ediciones imperiales a estas alturas del siglo XXI, aun pisoteando el golpeado derecho internacional en el mejor estilo del matón de barrio; la duda es, si justifica en términos económicos una inversión de más de 1.000 millones de dólares diarios en una agresión como la de los Estados Unidos a Irán para apoderarse de sus recursos petrolíferos y gasísticos a través de la imposición de los típicos gobiernos lacayos? Cualquier economista asesor de escritorio podría responder: siempre que la guerra no dure mucho. ¿Y que pasa si no es así?
Además, la todavía cercana experiencia de 20 años de ocupación Afganistán o la más reciente de Irak, de donde salieron “con el rabo entre las piernas”, como se dice popularmente por nuestras tierras; en el primer caso, solapando la venta internacional de heroína, para ver si al menos sacaban para los gastos (asunto dudoso), y en el segundo, que dejó como saldo, al igual que en Libia, un país fragmentado y de difícil gobernabilidad (condición no buena para los negocios de los inversionistas internacionales).
No, esta explicación no me acaba de convencer.
2. La salvaguarda de los derechos humanos y de la democracia
La salvaguarda de los derechos humanos y de la democracia, supuestamente agredidos o incluso violados y hasta desaparecidos en un determinado país: este sí es un argumento fuerte y que funciona para los buenos ciudadanos respetuosos de los derechos humanos y defensores de la sacrosanta democracia, como el mejor sistema de gobierno (aunque el mismísimo Winston Churchill decía que es el menos malo).
Aquí los medios de comunicación pagados o pauteros juegan un papel fundamental. Las noticias con mayor “rating” ponderan las muertes, encarcelamiento o agresión a personas generalmente débiles e inocentes. Y la gente se conmueve y con toda razón. El truco está en que, se omiten o falsean las circunstancias y antecedentes en que se producen, muchos de ellos históricos y que por tanto llevan largas y aburridas explicaciones que están vetadas y excluidas en esos medios.

El caso de Irán es emblemático. Según estos medios, las mujeres son violentamente obligadas por una policía religiosa, a usar una especie de velo que ya exhibían nuestras abuelas y todas las llamadas “viejas beatas” de otras épocas no muy lejanas y ni hablar de las monjas. Este es el tradicional Yihad o Shador, que nada tiene que ver con la Gurka de las mujeres de Afganistán impuesta por los Talibanes.

Los tantas veces citados medios de comunicación omiten que la Constitución de la República Islámica en Irán fue aprobada por referéndum democrático menos de dos meses después de que triunfara a inicios de 1979 la Revolución Islámica gestada y promovida por los jóvenes de la Guardia Revolucionaria (hoy las fuerzas armadas oficiales de Irán), y no por los Ayatolas como dicen ellos, cuyo principal líder, Komeini, estaba exiliado desde hace 15 años atrás en varios países, el último Francia, de donde fue traído con honores presidenciales después del triunfo de esta Revolución.
Por tanto, fue una revolución de los jóvenes que estaban cansados de la monarquía absoluta y despiadada del Sha Reza Palhevi y su implantación a ultranza del modo de vida occidental (claro que los medios occidentales se han olvidado convenientemente de la Savac o policía política del Sha que encarceló, torturó salvajemente y mató a miles de jóvenes e intelectuales iraníes que disentían con el régimen); sin contar con la vergonzosa entrega del petróleo iraní a voraces compañías transnacionales, que con la eficaz ayuda de la CIA, no dudaron en derrocar y enviar a prisión domiciliaria al Primer Ministro Mozadeck, que intentó nacionalizar el petróleo iraní en la década de los cincuentas del siglo pasado.
A modo de hipótesis, ¿no serían parecidas las motivaciones de miles de jóvenes europeos, de países “libres y democráticos”, para conformar en porcentajes mayoritarios las filas de combatientes más radicales y despiadados del llamado Estado Islámico, cansados de la sociedad de consumo que les obligaban a vivir en sociedades con sus normas en las que ya no creen?
Aquí, el error de los invasores a Irán fue descomunal. Juraron en los medios de comunicación a su servicio, que el pueblo iraní solo esperaba el primer bombardeo de las fuerzas judeo-norteamericanas y se lanzarían a las calles a derrocar al régimen de los Ayatolas que, según esos mismos medios, había matado a 70.000 personas que manifestaban por los derechos humanos de las mujeres en las principales ciudades de Irán. Si ese genocidio fuese cierto, el régimen llamado de los Ayatolas ya se hubiera caído con o sin agresión externa, porque no hay pueblo que aguante por mucho tiempo una masacre de esas dimensiones.
Y, en cuanto a restauración de la democracia versión occidental (con todos sus cánceres incurables de fraude y corrupción), también se demostró rápidamente como otro error no menos grave. Incluso mataron a su líder sin fórmula de juicio, por sus supuestos crímenes, aduciendo que con la falta de democracia, el gobierno simplemente se desmoronaría. No ocurrió así. Y el líder muerto fue democráticamente sustituido en pocos días, sin ningún vacío de poder. Y esto fue posible porque el Consejo Consultivo, de más de 80 religiosos que conforman, es elegido por el pueblo en votación abierta. Se trata de otro tipo de democracia, pero por distinta no menos válida, de acuerdo con la cultura e historia del país.
A propósito de cultura y política, hay que recordar que Irán es el único país que tiene a un libro sagrado para una religión como Constitución del país, es El Corán que, entre otras normas del convivir social incluye, al menos en teoría como cualquier Constitución, una serie de normas sobre la protección social y comportamiento de la mujer.
Sea cual sea la verdad, ningún país por designio divino o por la fuerza militar que posea, tiene el derecho de imponer a otros su ideología o un determinado sistema de gobierno, de acuerdo con las simpatías o antipatías circunstanciales de sus dirigentes de turno, incluso aduciendo fraude o imposición militar. Sería como reemplazar el derecho internacional por una auténtica ley de la selva en la que se impone siempre el más fuerte.

Debe recordarse el principio universalmente aceptado de que, cada pueblo tiene su propia cultura, formada a lo largo de su historia y las características propias de las etnias que lo han habitado o lo habitan. Irán surgió del Imperio Persa, considerada la primera potencia mundial, desde el siglo V a.E., vale decir hace más de 2.500 años que, con administración muy organizada, propagó su cultura y conocimientos entre Asia, Europa y África. Juzgar una cultura oriental, con muy fuertes valores históricos y religiosos, desde los valores de la cultura occidental de nuestros días, no parece lo más apropiado.
Aunque quede claro que, el secuestro, los encarcelamientos arbitrarios y el asesinato de opositores, vengan de donde vengan y en caso de existir de manera comprobada, no es ni masónica ni humanamente justificable.
Ergo (como dicen los abogados) tampoco me convence el argumento de violaciones a derechos humanos o a la democracia.
3. El desarrollo tecnológico como amenaza
Hay un tercer argumento para la agresión que analizamos que, recientemente, ha sido esgrimido por el Secretario de Guerra y el Ministro de Defensa, respectivamente, de los países agresores: el desarrollo tecnológico de un país, si le permite desarrollar energía nuclear declaradamente con fines pacíficos, o ha desarrollado la tecnología para disparar cohetes que, tanto como pueden colocar satélites de comunicación en la atmósfera espacial que rodea a la tierra, también podrían colocar proyectiles balísticos a miles de kilómetros de su territorio continental hasta otros continentes.
Esto sí me parece el colmo de la irracionalidad: si un país desarrolla la ciencia y la tecnología gracias a sus Universidades y a sus científicos, ¿acaso es verosímil suponer que va a usarlo para agredir a sus supuestos enemigos? Por tanto, ese desarrollo tecnológico legítimo tiene que ser controlado y destruido, y si es necesario y posible, con país y todo.

Por fin me logro explicar porque se ponen tantas trabas y cortapisas a la investigación para el desarrollo científico y tecnológico en nuestros países tercermundistas, desde los recortes de los presupuestos a la educación superior, pasando por la fuga de cerebros y la obligación inventada por unas ONGs norteamericanas de que la publicación de los artículos científicos de nuestros investigadores debe pasar, para que sean científicamente válidos, por la censura de un comité inquisitorial de supuestos especialistas de ese mismo país.
Clarísimo, el desarrollo de la educación general e incluyente en nuestros países y de la tecnología en forma particular, es claramente terrorismo, cuando libera las mentes de las trabas heredadas de los antiguos y nuevos colonizadores y permite mejorar las condiciones de vida de los pobres e incluso de las clases medias, por la generación de fuentes de empleo no tradicionales e incremento de la competitividad de nuestros productos.
También por fin entendí, el papel de la gran mayoría de mensajes incrustados por los influencer y trolles profesionales en las redes sociales, sembrando el pánico por el uso o consumo de cualquier producto, vaticinando con una seguridad digna del más distinguido y experto grupo de investigadores de las mejores Universidades del mundo, el aparecimiento del “cuco” del cáncer y la muerte que nos sorprende y mata en cualquier esquina. Se trata de generar una auténtica pandemia de terror que se transmite de manera más rápida y letal que cualquier virus. Por tanto, se trata de no exigir un desarrollo científico y tecnológico que comience por desmontar y desmentir estos mitos digitales o informáticos, sino de impulsar la seguridad armada, aun a costa de la libertad individual que tanto dicen defender.
Hipótesis de qué podría estar ocurriendo y explicarua estas irracionalidades.
1. Un auténtico cambio de Era
Asistimos a un auténtico cambio de Era: el fin del Modernismo e incluso Posmodernismo, con sus sistemas económicos predominantes, capitalismo y socialismo; el primero que, en su etapa final neo-liberal, pugna desesperadamente por sobrevivir, por lo que, ahora prefieren el elegante calificativo de “libertarios”, caracterizados por formas extremas de poder del libremercado. Y, en cuanto a la mayoría de los socialismos, con mejor visión de futuro y rescatando sus principios fundacionales de mejorar la situación de los pobres y explotados, han aceptado algunas características del capitalismo, que antes rechazaban y combatían de plano, con el objeto de enfrentar los retos de un mundo que sigue esperando un cambio y que, en gran parte de la población, se ha desilusionado de las promesas de los unos y de los otros.
En esta última línea, la República Popular China pinta como la nueva primera potencia económica del mundo; tanto como, el surgimiento contestatario del BRICS, como la alternativa alianza internacional que está echando abajo los ya obsoletos esquemas económicos internacionales del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
2. El fin de los imperios de la Era Moderna y Contemporánea
Este hecho, entre muchos otros, marca el fin de los imperios de la Era Moderna y Contemporánea. Cuando este fenómeno ha ocurrido en etapas anteriores de la Historia de la Humanidad, la característica común de los Imperios decadentes es luchar con todo lo que tienen y pueden para sobrevivir, lo que genera guerras siempre absurdas, que han provocado miles y millones de muertos y daños: como ejemplos, señalemos, en primer lugar, la caída del Imperio Romano, que marca el fin del Esclavismo.
Y aunque este modelo infame de producción se trasladó, desde la etapa de los descubrimientos y casi sin cambios a las colonias de los imperios europeos a América, Asia y África; de todos modos, dio paso al Feudalismo, como nueva forma de explotación, ahora de los siervos por los señores feudales, y al obscurantismo medieval como modo de vida, que garantizó la persistencia de reyes y emperadores, ahora respaldados por una Divinidad indiscutible e inobjetable, gracias a la fe implantada por las buenas o por las malas.
Recordemos a dos emperadores romanos que formaron parte de la debacle de su Imperio, Calígula que se reía de la democracia romana heredada de los atenienses y que terminó nombrando Cónsul a su caballo favorito y cuyas famosas orgías, de alguna manera, me recuerdan al caso EPSTEIN; y a Constantino, que pactó con los perseguidos y masacrados cristianos de los primeros siglos de nuestra Era, convirtiéndoles en religión oficial para conseguir algo de estabilidad, contener las invasiones de los Bárbaros del Norte y el desmembramiento de su Imperio.

La Edad Media, así constituida, terminó más que con la caída de Constantinopla en manos del Imperio Otomano y el descubrimiento de América, con el período del Renacimiento del siglo XVI y sobre todo por la Ilustración del siglo XVIII que, poniendo en cuestionamiento filosófico y práctico el poder absoluto de los reyes y emperadores, generó la Revolución Francesa, las Guerras Napoleónicas y la independencia de los territorios de América tanto del norte como del sur, acontecimientos en los cuales los Masones estrenaron fuera de sus templos la efectividad, en la política dura y pura, de sus principios y filosofía.
Solo poco más de un siglo después, la primera Revolución Industrial marca ya el inicio del Capitalismo como forma de producción en Europa y que, con el consabido retraso en nuestros países, se impone como la forma de producción predominante hasta nuestros días; sin embargo, para su consolidación requirió dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX y una serie de guerras hasta los días presentes, para tratar de retrasar su desgaste e impedir su decadencia.
La revolución de octubre de 1917 en la rusa zarista marca el primer punto de quiebre del capitalismo; y, a pesar de su aparente extinción con la caída de la Unión Soviética en 1989 y la disgregación de las Repúblicas Soviéticas entre 1990 y 1991, su modelo de producción persiste con algunos experimentos exitosos o no, pero sobre todo con el surgimiento de China que, desde el fin de la Gran Marcha en 1948, llega a la actualidad como potencia mundial, cuando uno de sus visionarios, Deng Xiao Ping planteó en 1976 la posibilidad real de combinar lo mejor de los dos sistemas económicos y políticos predominantes en los siglos XX y XXI.
Es en este escenario y sus derivaciones geopolíticas que, desde mi punto de vista, se explican las aparentemente absurdas guerras que estamos viviendo. Aunque, de hecho falta un análisis mucho más profundo de otros elementos, que intentaremos resumir a continuación.
3. Los factores étnico y religioso
Considero siempre como hipótesis que, hay dos factores que los emperadores antiguos y modernos no han podido ni pueden controlar y que han permanecido omnipresentes a lo largo de la historia de la humanidad, aunque no siempre se haya reconocido su importancia: son el étnico y el religioso. Ambos le dan el sentido clave de pertenencia al común habitante del planeta.
Anotemos solamente lo ocurrido en los últimos dos siglos: la primera guerra mundial se originó en el nacionalismo servio contra un decadente Imperio Austro Húngaro, que arrastró en su caída la poderoso Imperio Otomano. En la Segunda Guerra mundial, una supuesta etnia superior Aria consideró e intentó eliminar del planeta a todas las otras etnias inferiores. Y ya en este siglo XXI, los extremistas judíos (que no son todos los judíos, ni siquiera en Israel), creen que la “Tierra Prometida por Jehová”, es solo de ellos y hay que eliminar a los otros que habitaban las mismas tierras de Mesopotamia, por tiempos iguales o mayores que ellos (ahí están los más de 75 años de conflictos entre israelitas y palestinos, consecuencia directa de la absurda división de territorios y creación de fronteras artificiales, que hoy se atacan y defienden a muerte, dejadas por los ingleses en su retiro colonial de Palestina en 1948).

Otro ejemplo de lo que venimos analizando, es el todavía no cerrado conflicto entre Rusia y Ucrania, donde el mundo, por distintas causas, quiere ignorar o invisibilizar a las etnias rusas en Ucrania. Y un larguísimo etcétera, en la que constan con letras de sangre, masacres y persecución de minorías étnicas (como se las califica desde Occidente para minimizar el problema), los Saharahuís en África del Norte, los Kurdos en Asia central y occidental, los Rohingyá en Myanmar (expulsados más de 150.000 de la ex Birmania en el 2017, solo por ser musulmanes en un país budista); e incluso las históricas luchas de Escoceses, Catalanes y Vascos en Europa, que han costado varias guerras.
Ahora les tocó los persas en Irán, que por si acaso no son árabes, en los que se suma netamente el factor religioso, que ha sido abrazado precisamente por los jóvenes, hartos de la democracia tipo Occidente y de un modelo de vida que se vende por todos los medios de comunicación de los países occidentales, como la panacea de la producción y el consumo, como los únicos motores de vida, el cual termina alienando a cada vez a más grandes grupos de la población, con la ayuda nada despreciable de las comunicaciones digitales y las redes sociales.
Es el discurso de estos supuestos valores occidentales, repetido hasta el cansancio por los medios de comunicación de esta parte del mundo, que precisamente han adoptado los panegíricos de la era Trump en los Estados Unidos e incluso en otros países, contando con el apoyo incondicional de los cristianos evangélicos que, siglos después de su llegada al nuevo mundo norteamericano, en 1620, con el nombre de quáqueros o puritanos, que venían huyendo precisamente de la persecución religiosa en sus países europeos de origen, los que ahora vuelven a desempeñar un papel poco ruidoso, pero palpable y culpable, en las políticas del Imperio del Norte; punto que quieren que olvide el común ciudadano norteamericano.
A modo de conclusión, menos que preliminar:
- Resulta evidente que tanto la democracia, concebida en los términos comunes de la gran mayoría de países de Occidente, así como el Capitalismo en sus formas más avanzadas, entre ellas el Neoliberalismo “libertario”, como modelos económicos predominantes, ya hacen agua por todo lado, como barcos próximos a hundirse. Se impone la búsqueda de nuevos modelos de organización política y social, como la democracia comunitaria, que está más cerca de las tradiciones ancestrales de nuestros países del Tercer Mundo y sus correlativos modelos económicos, también comunitarios, basados en la tecnificación de la agricultura y ganadería tradicionales, así como la progresiva eliminación de las largas cadenas de intermediarios.
- Es obligación de la Masonería, independientemente de su Rito, seguir las recomendaciones del Convento de Ginebra del 2005 del REAA, que conmina a los Masones de todo el mundo a luchar por una humanidad mejor, con mayor y oportunidades de vida, precisamente en las condiciones que, de una u otra manera, están sufriendo todos los países, en particular los más pobres y de menor desarrollo.
Revista Masónica Latinoamericana.
Imagen principal: AHMED MARDNLI| Crédito: EFE










