Skip to main content

Conversación exclusiva de masonerialatinomericana.com con el historiador Ismael Ramos Jiménez, autor de “Federico García Lorca y la Masonería”, sobre el poeta fusilado, los rastros simbólicos en su obra y la masonería anestesiada de nuestro tiempo.

Federico García Lorca fue fusilado por la dictadura franquista en 1936. Décadas después, su relación con la masonería sigue siendo un misterio vivo. El historiador granadino Ismael Ramos Jiménez dedicó años a reconstruir ese vínculo con fuentes inéditas —algunas adquiridas personalmente— y el resultado es una investigación que desborda la pregunta simple para revelar algo más profundo: un espíritu fraternal que no necesitó mandil para ser masónico.

Hay investigaciones que nacen del rigor y otras que nacen del cariño. Las mejores, de ambos. Ismael Ramos Jiménez, Doctor en Historia y en Ciencias de la Música, y licenciado en Derecho por la Universidad de Granada, llegó a Federico García Lorca por una doble vía: la de su propia condición de granadino y la de su tesis doctoral, que el autor dedicó a Ángel Barrio, amigo íntimo del poeta con quien incluso llegó a compartir vivienda.

Al estudiar la época y la figura de Lorca, Ramos Jiménez descubrió algo que los biógrafos convencionales habían dejado en los márgenes: una sensibilidad que no solo apuntaba al arte, sino también a la teosofía, el espiritismo, las sociedades de pensamiento libre. Una efervescencia intelectual que en la España de los años veinte encontraba su cauce natural en las logias masónicas.

El origen de la investigación

El camino hasta este libro fue largo. Antes llegó El mundo esotérico de Federico García Lorca, trabajo que la Radiotelevisión Española convirtió en programa y que se construyó exclusivamente a partir de testimonios de quienes lo conocieron: sus hermanos, su madre, sus amigos más íntimos. Todos coincidían en algo llamativo: Lorca era un médium, alguien capaz de prever acontecimientos, de habitar otra esfera. Ese libro abrió la puerta; el de la masonería la cruzó.

«Yo decidí, desde el cariño y desde el rigor, determinar qué significó la masonería en la persona de Federico», explica Ramos Jiménez. «Porque la obra siguió hasta más allá de su vida. Después de muerto fue procesado». El último libro que culmina este ciclo —aún inédito en el momento de esta conversación— reconstruye ese proceso judicial póstumo que lo juzgó por ser masón, con pruebas hasta ahora desconocidas.

“Pudo afirmar de manera categórica que Lorca no fue iniciado en logia alguna. Pero si me preguntan si era masón, no puedo negarlo. Sabemos que puede haber masones sin mandil.”

— Ismael Ramos Jiménez

¿Fue Lorca masón?

— La pregunta que ronda con más frecuencia: ¿fue Federico García Lorca masón?

La respuesta de Ramos Jiménez es precisa y, a la vez, abierta. Desde la fuente documental, no existe prueba de iniciación en logia alguna. Lorca no cruzó el umbral ritual que lo habría convertido formalmente en hermano. Y sin embargo, su pensamiento era masónico en el sentido más hondo del término. En su última entrevista en vida, el poeta declaró: «Yo soy hermano de todos». Su camino fue el de un hermano de muchos masones.

Su padre espiritual era Fernando de los Ríos, cuya iniciación el historiador logró reconstruir con detalle. En la Residencia de Estudiantes de Madrid, Lorca convivió con figuras directamente ligadas a la Orden: Juan Vicens de la Llave, el estudiante aragonés que compartiría con Buñuel la llamada «habitación de la desesperación» —el círculo de los amigos más íntimos—, fue quien invitó a Buñuel a integrarse en la Francmasonería. No sería extraño, concluye el investigador, que Vicens hubiera extendido esa misma invitación a Federico.

Lo que sí existe, en cambio, son rastros simbólicos en su obra. Entre ellos, uno hasta ahora no interpretado: una fotografía en la que Lorca reproduce el ritual de exaltación al grado de maestro. El investigador es cuidadoso: no son pruebas de iniciación, pero sí de un universo simbólico que Lorca habitaba con familiaridad.

El mito de los grandes nombres

— ¿Cuál es, a su juicio, la necesidad de vincular a personajes tan importantes a la masonería? ¿Marketing, imagen, confusión?

La pregunta toca un nervio que Ramos Jiménez conoce bien, y que resulta especialmente pertinente en el contexto latinoamericano, donde los mitos y las leyendas masónicas circulan con singular intensidad. Su diagnóstico es claro: se trata de proyectar una imagen de excelencia. La masonería continental recurre a Mozart, la masonería anglosajona cataloga a sus Padres Fundadores, y hay en todas partes —señala con cierta ironía— «un catálogo enorme de falsas atribuciones» destinadas a engrandecer a la Orden.

En el caso de España, el mecanismo es diferente y más político. Ante la persecución de Primo de Rivera en los años veinte, los grandes intelectuales de la época —Fernando de los Ríos, Miguel de Unamuno, Ortega y Gasset— encontraron en las logias un paraguas bajo cuya sombra podían hablar con cierta libertad. La masonería necesitaba figuras de peso intelectual; los intelectuales necesitaban ese espacio protegido. Y Federico, en ese contexto, estaba «muy cerca del núcleo más prestigioso de la masonería».

Paradójicamente, con la llegada de la Segunda República —el periodo de mayor libertad—, la masonería española se deshidrató: quienes habían usado la Orden como instrumento ya estaban en el poder y no la necesitaban. Lo ilustra con un dato revelador: a Fernando de los Ríos lo iniciaron y lo elevaron a maestro el mismo día; a Manuel Azaña le concedieron el grado 33 en un solo acto. La urgencia era política, no ritual.

El Público: teatro para el futuro

— Entre las obras de Lorca, ¿cuál le parece más cargada de simbolismo masónico o filosófico?

Sin dudar, Ramos Jiménez señala El Público. Esa pieza que Lorca llamaba «teatro no representable», que habla del «teatro bajo la arena», las dos superficies, la filosofía del umbral. Una obra de reivindicación de la libertad en todos sus sentidos —incluyendo la homosexualidad del autor, que el cine más reciente ha comenzado a rescatar sin eufemismos—, entregada a su amigo Martínez Nadal con una instrucción sombría: «Si me pasa algo, destrúyela». La entregó justo antes de partir hacia Granada, donde sería fusilado.

«Yo siempre he defendido que Federico era un ser mágico», dice el historiador. «Decían que era un médium, capaz de prever cosas. Y El Público es una obra escrita para el futuro al cual aún no llegamos». Una obra críptica y a la vez transparente, con argumentaciones teosóficas y metafísicas de primer nivel que la crítica ha tardado en reconocer.

“La masonería hoy es como una partitura maravillosa que nadie sabe interpretar. Al final, en estos tiempos, se ha convertido en una masonería de encender y apagar velas.”

— Ismael Ramos Jiménez

El Público, bajo la dirección de Marta Pazos en el Teatro Solís de Uruguay.

Poeta en Nueva York: una muerte simbólica

El viaje a Estados Unidos que produjo Poeta en Nueva York tiene, a ojos de Ramos Jiménez, una lectura iniciática. Lorca parte en uno de sus momentos de mayor debilidad: la burla de su círculo cercano, la traición amorosa, la sensación de desamparo, una familia que no lo acoge como él quisiera. En el instante simbólico de bajar del barco, el Federico que llega al nuevo continente muere. Vuelve a España como otro hombre —«otro Federico», dice el investigador—, con una maleta repleta de ideas, obras y creatividad renovada. Una muerte y resurrección simbólicas que cualquier masón reconocería sin esfuerzo.

La masonería anestesiada

— ¿Cuáles son los desafíos que enfrenta hoy la masonería? ¿Ha estado activa frente a los grandes acontecimientos?

Aquí el historiador endurece el tono. Lo que observa no es una masonería combativa sino «anestesiada, que vive muy en el recuerdo del romanticismo». Recuerda la masonería española del siglo XIX: militar, activa, incluso armada, capaz de enfrentar y acabar con la Inquisición. Una masonería con ideales prácticos y una férrea defensa de los derechos colectivos. Esa Orden hoy se asemeja, señala, «a un club social» donde algunos abrazan los valores de la Francmasonería de manera puramente retórica.

El diagnóstico es político y urgente. La extrema derecha crece en Italia, Turquía, España, Argentina, Chile. Se acuña en España el concepto de «prioridad nacional» —la idea de que los extranjeros merecen menos que quienes nacieron en suelo europeo—, algo que colisiona frontalmente con la fraternidad universal que la masonería proclama. Y sin embargo, las logias callan.

Ramos Jiménez, miembro de las Logias Mixtas adscritas a la corriente liberal y adogmática francesa, observa además con preocupación cómo en el polo opuesto algunas logias de corte sajón suscriben manifiestos a favor de la monarquía. «Absolutamente fuera de lugar y anacrónico», concluye. La autocrítica que pide es profunda: una Orden que un día acabó con la Inquisición no puede hoy limitarse a encender velas mientras el mundo se transforma.

*Ismael Ramos Jiménez es Doctor en Historia y en Ciencias de la Música, y licenciado en Derecho por la Universidad de Granada. Alterna la docencia de Historia con la investigación sobre masonería y patrimonio artístico e histórico andaluz. Es autor de más de una veintena de libros y de numerosos artículos en revistas académicas y de difusión general. Ha sido galardonado con diversos premios de investigación, entre ellos el Premio Rosa Regàs.

*El libro de “Federico García Lorca y la Masonería” se puede encontrar en la editorial masonica.es.

Revista Masónica Latinoamericana

Comparte