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Gabriela Mistral: el camino iniciático y la lucha por el progreso de la humanidad de una masona sin mandil Iniciar este texto afirmando que Gabriela Mistral es una “masona sin mandil” puede sonar como una afirmación apresurada o incluso atrevida. Prefiero creer que se trata de un acto prudente ante la falta de confirmación documental de una iniciación formal de la autora chilena en alguna logia.

Esta afirmación, además, puede leerse como un gesto deliberadamente provocador: ¿es necesario poseer un acta, un registro o un número de logia para ser reconocido como masón o masona? ¿O es posible pensar la masonería también como una ética, un camino de perfeccionamiento y un proyecto civilizatorio que trasciende la pertenencia institucional?

La pregunta se vuelve aún más pertinente si consideramos que la historia de las mujeres ha sido sistemáticamente invisibilizada, al igual que la de muchos masones que trabajaron fuera de los grandes relatos oficiales. ¿Por qué no pensar, entonces, que una mujer masona pudo haber sido aún más invisible? Y, por supuesto, también nos podemos plantear la pregunta, ¿qué es lo que “inmortaliza” a un masón: el mandil, ¿el rito o la obra?

Aunque no existe evidencia archivística de la iniciación masónica de Gabriela Mistral, sí está documentado que creció en un ambiente laico y masónico. Durante su adolescencia en La Serena, recibió la influencia decisiva de Bernardo Ossandón Álvarez, periodista y masón serenense, quien le abrió las puertas de su biblioteca y la orientó en sus primeras lecturas formativas¹. Asimismo, diversas fuentes señalan que la Logia “Luz y Esperanza” N.º 11 participó, a través de la llamada Liga de Estudiantes Pobres, en mecanismos de apoyo educativo que beneficiaron a jóvenes de origen humilde como Lucila Godoy².

Más adelante, su cercanía con figuras como Pedro Aguirre Cerda, educador, político radical y masón, así como con Manuel Magallanes Moure, Pedro Prado y Eduardo Barrios, todos vinculados a círculos laicos y republicanos con fuerte presencia masónica, consolidó su inserción en un campo intelectual donde educación, política, literatura y masonería compartían un mismo horizonte reformista³.

Este entramado ha sido recientemente sistematizado en la exposición y el libro “Lucila Godoy a Gabriela Mistral: la huella masónica”, presentado por la Gran Logia de Chile en 2025, donde se propone leer la trayectoria de Mistral desde sus relaciones con actores del mundo masónico y laico que influyeron en su formación y proyección pública⁴. Pero más allá de sus relaciones sociales y de sus influencias intelectuales, es necesario acercarse a la Gabriela Mistral “Masona” desde dos dimensiones fundamentales del trabajo iniciático: el trabajo interior, ligado a la búsqueda espiritual, y el trabajo exterior, orientado al progreso de la humanidad.

El camino esotérico: espiritualidad, búsqueda interior e iniciación sin templo

La espiritualidad de Gabriela Mistral fue profunda, persistente y deliberadamente heterodoxa. Numerosos estudios han documentado su cercanía sostenida a la teosofía, el budismo, el orientalismo, la Orden Rosacruz y el Agni Yoga, no como adhesiones circunstanciales, sino como parte de una búsqueda interior que atravesó toda su vida adulta.

No se trató de una curiosidad intelectual pasajera, sino de una auténtica disciplina del espíritu.

Publicó en la Revista Teosófica Chilena el ensayo “El placer de servir” (1924) ⁵, texto central para comprender su ética espiritual, donde concibe el servicio como una forma de ascenso moral y como vía de perfeccionamiento interior.

Investigaciones como las de Pedro Pablo Zegers y Breno Donoso han demostrado que Mistral mantuvo una relación sostenida con círculos teosóficos y esotéricos desde comienzos del siglo XX ⁶, y que su biblioteca personal revela una constelación coherente de lecturas espirituales   orientadas al autoconocimiento, la disciplina interior y la fraternidad universal.

En este punto, la afinidad con la tradición masónica liberal se vuelve particularmente visible. La idea de que el ser humano debe pulir su “piedra bruta”, atravesar la noche interior y elevarse hacia una luz más alta atraviesa tanto la simbólica iniciática como la arquitectura profunda de su poesía.

En Desolación, Tala y Lagar ⁷, la noche, el fuego, el ascenso, la purificación y el camino no son simples imágenes líricas, sino etapas de un itinerario espiritual. En uno de sus Nocturnos, la voz poética confiesa: “He dormido en la noche más larga”, verso que puede asemejarse a la experiencia iniciática de la oscuridad previa al despertar…

El fuego, símbolo vital de las tradiciones esotéricas y masónicas, ocupa un lugar privilegiado en su imaginario.

En Lagar aparece como fuerza purificadora y transformadora: “Todo se quema para ser”, escribe en un verso que condensa una auténtica filosofía iniciática: nada accede a una forma más alta sin atravesar primero la experiencia de la pérdida, la transformación y la transmutación. La purificación no es aquí una abstracción teológica, sino una experiencia encarnada en el cuerpo, en la memoria y en la historia personal.

De igual manera, la imagen del ascenso recorre su obra como figura de transfiguración.

En Tala, cuando afirma “Subí cantando a la montaña”, la montaña no es solo un paisaje andino, sino un espacio simbólico de elevación, análogo a la montaña iniciática de tantas tradiciones.

Subir es aprender, desprenderse, abandonar lo superfluo, avanzar hacia una región más alta del espíritu.

Desde esta perspectiva, aunque Gabriela no haya sido iniciada ritualmente en una logia (en lo que hasta ahora se sabe), sí recorrió un camino iniciático interior riguroso y coherente, afín a la espiritualidad laica que caracterizó a muchos masones liberales latinoamericanos⁸. Su obra muestra con claridad que la experiencia de la iniciación no fue para ella un acontecimiento externo, sino un proceso a lo largo de toda su vida: disciplina del carácter, combate contra el odio, purificación por el dolor, servicio como forma de elevación y búsqueda incesante de una luz que no pertenece a ninguna iglesia, pero sí a una ética universal.

Así, la espiritualidad de Gabriela Mistral no puede separarse de su proyecto moral. Su mística no fue evasión, sino fundamento de una ética del servicio y de una pedagogía de la dignidad, donde el perfeccionamiento interior y el progreso de la humanidad se revelan como dos caras de una misma vocación.

El camino social: educación, política, literatura y emancipación

El segundo eje —el progreso de la humanidad— es, sin duda, el espacio donde la afinidad entre Gabriela Mistral y la tradición masónica liberal se vuelve más nítida y más fecunda. Si el trabajo iniciático interior constituyó para ella una disciplina del espíritu, el trabajo social fue su forma concreta de construir el templo de la humanidad en el mundo profano.

Desde sus primeros años como maestra rural, Mistral concibió la educación no como una simple transmisión de saberes, sino como un acto ético, político y civilizatorio. Enseñar fue, para ella, su forma de transformación social. La figura de la maestra pobre, aislada y sacrificada —que atraviesa poemas como La maestra rural— se convierte en símbolo de su proyecto de país: una nación que se edifica desde la escuela, desde la infancia, desde los márgenes⁹

Esta concepción coincide de manera notable con uno de los grandes ideales históricos de la masonería: la búsqueda de la verdad que se asocia a la defensa de la educación pública, laica, gratuita y emancipadora como fundamento de la ciudadanía.

No es casual que su trayectoria se haya desarrollado en estrecho diálogo con figuras del reformismo educativo y político. Su cercanía con Pedro Aguirre Cerda, masón y principal arquitecto de la política educativa chilena de los años treinta, inscribe su obra en un mismo horizonte: formar personas (hombres y mujeres) libres, críticos y moralmente responsables¹⁰.

Su participación en la reforma educativa mexicana tras la Revolución refuerza este perfil. En México, Mistral no fue una simple asesora extranjera, sino una constructora de instituciones, comprometida con la alfabetización rural, la dignificación del magisterio y la formación de una conciencia social latinoamericana¹¹.

Este compromiso con la educación se prolonga en su obra literaria y ensayística. En poemas y prosas, Mistral defiende a los niños pobres, a los indígenas, a los campesinos, a los exiliados y a los pueblos sometidos por el imperialismo.

Un mural contemporáneo en Santiago convierte a la fallecida poeta chilena Gabriela Mistral en un ícono contracultural. – Fab Ciraolo, 28 de enero de 2023- NYT.

Su pacifismo radical, su apoyo a causas como la de Augusto César Sandino en Nicaragua y su crítica al odio y a la guerra configuran una ética profundamente humanista, donde, la poesía se convierte en instrumento de reivindicación social en los grandes conflictos de su tiempo¹².

Gabriela Mistral recibió el Premio Nobel en 1945.

En este contexto, la experiencia del exilio ocupa aquí un lugar central. A partir de los años veinte, Gabriela Mistral vive prácticamente fuera de Chile durante décadas: México, Estados Unidos, el Caribe, Europa. Este exilio no fue solo geográfico, sino también político y afectivo. Su condición de mujer, intelectual, independiente y heterodoxa la situó muchas veces en los márgenes de su propia patria. Sin embargo, transformó el exilio en una plataforma transnacional de acción cultural, desde la cual defendió la educación, la justicia social y la dignidad de los pueblos latinoamericanos.

Por supuesto, esa mirada transformadora forjó también su feminismo que adquiere una dimensión particularmente original. Gabriela Mistral no fue una militante feminista en el sentido clásico, pero sí una fundadora simbólica de un feminismo latinoamericano espiritual y pedagógico.

Diversos autores han sostenido que su obra articula una forma temprana de emancipación femenina basada en la autonomía moral, la autoridad intelectual y la resignificación de la maternidad.

Para Mistral, la mujer no se emancipa únicamente mediante derechos formales, sino construyendo una soberanía interior. Su figura de la madre no remite al encierro doméstico, sino a una maternidad universal, ejercida sobre los niños y niñas pobres, los huérfanos de la historia, los pueblos abandonados. Esta concepción del cuidado como función política, anticipa debates contemporáneos sobre el feminismo decolonial, y la ética y economía del cuidado.

Desde esta perspectiva, su vida y su obra encarnan una forma de feminismo civilizatorio: la mujer como maestra, como intelectual, como diplomática, como conciencia moral de la nación. En un continente donde las mujeres eran sistemáticamente excluidas de los espacios de poder, Gabriela Mistral ocupó un lugar inédito de autoridad simbólica, sin renunciar nunca a su independencia¹³.

Con todo esto, educación, exilio, literatura y feminismo se articulan en un mismo proyecto: la construcción de una humanidad más justa. Y es en este punto donde la afinidad con la masonería liberal alcanza su expresión más clara. No en el rito, sino en la obra; no en el mandil, sino en la edificación paciente de un orden más digno.

Si la iniciación interior (en las distintas creencias que vivió) fue su camino espiritual, el progreso de la humanidad fue su gran obra profana que nos convoca y motiva a ver los trabajos de logia más allá de las columnas del templo.

Una masona sin templo, una Maestra sin pergaminos ni grados.

Tal vez, más que una masona sin mandil, Gabriela Mistral fue una iniciada sin templo.

No trabajó entre columnas visibles ni recibió grados consignados en actas, pero recorrió con rigor el camino que la tradición iniciática propone: reflexión interior, pulir desde la interrogación constante, el servicio (no servilismo) como forma de transformación social y compromiso incondicional con la dignidad humana.

Fue una constructora sin escuadra visible, una obrera del espíritu que trabajó fuera de las logias, pero dentro del mismo proyecto que ha animado históricamente a la masonería liberal: la edificación paciente de una humanidad más justa, más fraterna y más consciente.

Por eso, al responder al título y al inicio de este texto, prefiero no cerrar con una afirmación, sino con una pregunta que interpela tanto a la historia como a la propia Orden. ¿Es Gabriela Mistral una masona sin mandil, o es más bien una de esas raras almas que recuerdan a la masonería qué significa, en verdad, ser masón? Tal vez su mayor legado no sea resolver esta duda, sino obligarnos, como las grandes Maestras, a replantear qué es lo que realmente inmortaliza a un masón o a una masona: si el rito que se recibe, o la obra que se deja en el mundo y al progreso de la humanidad.

Texto publicado en Adoniram, vol. VII, núm. 1, 2026, pp. 43-50

Revista Masónica Latinoamericana

1 Ossandón Álvarez y su influencia en Mistral: Museo Gabriela Mistral de Vicuña, Lucila Godoy a Gabriela Mistral: la huella masónica, catálogo de exposición, 2025.

2 Liga de Estudiantes Pobres y Logia Luz y Esperanza: Iván Herrera Michel, “La huella masónica en

Gabriela Mistral”, Pido la Palabra, 2025.

3 Relaciones con Aguirre Cerda, Magallanes Moure, Prado y Barrios: Gran Logia de Chile, Lucila

Godoy a Gabriela Mistral: la huella masónica, 2025.

4 Gran Logia de Chile, Gabriela entre masones, Santiago, 2025.

5 Gabriela Mistral, “El placer de servir”, Revista Teosófica Chilena, vol. 6, 1924.

6 Pedro Pablo Zegers, “Gabriela Mistral y la teosofía”, Museos, nº 11, 1991; Breno Donoso (comp.), Los Esplendores. Ensayos sobre la espiritualidad en Gabriela Mistral, Santiago, 2022.

7 Kamila Muñoz, “Magia en Mistral: red de conceptos esotéricos…”, Museo Gabriela Mistral de Vicuña, 2022.

8 Yolanda Alba, Masonas. Historia de la masonería femenina, Madrid, 2014.

9 Gabriela Mistral, “La maestra rural”, en Desolación (1922); Memoria Chilena, “Biografía de Gabriela Mistral”, Biblioteca Nacional de Chile.

10 Pedro Aguirre Cerda, El problema educacional (Santiago: Imprenta Universitaria, 1936); Ricardo Krebs, Pedro Aguirre Cerda y la educación chilena (Santiago: Ediciones Universidad Católica, 1978).

11 Carlos Monsiváis “Gabriela Mistral en México”, en Historia cultural de México (México: FCE, 2000)

12 Memoria Chilena, “Gabriela Mistral y su pensamiento social”; Augusto Sandino, Cartas y documentos, mención a Mistral como “Benemérita del Ejército Defensor de la Soberanía Nacional”.

13 Soledad Bianchi, Gabriela Mistral: pública y secreta (Santiago: LOM, 2003).

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