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El historiador Felipe Santiago del Solar lleva décadas reconstruyendo el pasado masónico de Chile y América Latina desde los archivos. En una conversación exclusiva con nuestra Revista Masónica Latinoamericana explica por qué ese trabajo sigue siendo incómodo, necesario y apasionante.

Felipe Santiago del Solar, chileno, doctor en Historia, académico universitario y autor de una obra que pocos pueden igualar en el campo de la historiografía masónica latinoamericana: desde la Historia de la Confederación Masónica Interamericana hasta Las Logias de ultramar, pasando por estudios sobre la Masonería Escocesa en Chile y los orígenes institucionales de las primeras logias en el país. Conversamos con él sobre su trayectoria, sus hallazgos en archivos europeos y el estado actual de una disciplina que sigue generando anticuerpos en la academia.

“Estudiar la secularización en el siglo XIX sin ver a la masonería es imposible. Pero aún así se ha estudiado sin ella.”

— Felipe Santiago del Solar

Los orígenes de una vocación

¿Cuándo y cómo nace tu interés en la masonería como objeto de estudio?

Soy historiador de profesión, es a lo que me dedico. El interés en la masonería nace de muy joven, haciendo el pregrado en un seminario sobre independencias. Allí me encontré con la Logia Lautaro y empecé a investigar de qué se trataba. Me di cuenta de que había un mundo entero por explorar, y que, si bien existía mucha publicación, ninguna profundizaba realmente en la materia. Eran publicaciones que giraban más bien en torno a debates de argumentos, no de evidencia. Era un campo desarrollado al margen de la historia propiamente tal.

¿Y eso te motivó a ir más lejos?

Decidí hacer mi tesis de pregrado sobre la Logia Lautaro, una tesis que debo reconocer que es muy mala —dice y ríe al recordar ese primer trabajo—. Me contaminé demasiado con la literatura existente en aquel entonces. En vez de analizar el tema, terminé siguiendo la misma lógica de los polemistas. Después decidí hacer mi tesis doctoral sobre el tema y me fui a Francia. Y ahí recién descubrí que yo no tenía ni idea del tema. Me tuve que poner al día con cientos de lecturas y de autores que ni siquiera sabía que existían.

¿Qué encontraste en los archivos europeos?

Dentro de los archivos en Francia comencé a descubrir fuentes de la masonería en Chile que nadie había trabajado. Encontré las actas de las primeras logias chilenas en la Biblioteca Nacional de Francia, y desde allí no he parado de publicar. Primero sobre historiografía de la masonería, que igual es un objeto de estudio valioso: ver cómo se construye ese relato. Luego me dediqué a revisar y publicar las propias actas.

Dentro de estas publicaciones, sin duda alguna rescato como de gran valor “Los Iluminados de Baviera”

La masonología como disciplina

¿Cómo sitúas el desarrollo académico de esta disciplina en el tiempo?

Antes de las dos grandes guerras ya existían buenos historiadores, a fines del siglo XIX, en Estados Unidos y en Francia, trabajando el tema con rigor. Pero no se puede dejar de lado la escuela española creada por el gran historiador Ferrer Benimeli, una figura descollante de la historia global de la masonería. De alguna manera, muchos somos sus discípulos. Ferrer ha sido nuestro maestro. A partir de allí surgieron centros de estudio en Francia, España y América Latina, lo que convirtió esto en una disciplina seria. Aunque, claro, eso también ha generado algunos escozores dentro de la propia masonería.

José Antonio Ferrer Benimeli

¿Por qué escozores?

Hay quienes se resisten, quienes no les gusta. Y hay otros a quienes les encanta, porque consideran importante conocer su pasado. Yo mismo no soy muy desmitificador, porque el mito es una lógica explicativa que tiene su propia historicidad. La pregunta no es si el mito es verdadero o falso, sino por qué ese mito surge, por qué es permeable, cómo se difunde, cómo evoluciona en el tiempo. El mito también es una fuente de cómo se entiende algo. Eso sí: soy racionalista.

“La masonería no es lo que estudio: es el lente a través del cual me aproximo a fenómenos mucho mayores, como la secularización, las redes políticas, las relaciones internacionales.”

— Felipe Santiago del Solar

La Logia Lautaro y la independencia

Has trabajado minuciosamente el proceso de independencia y la masonería. ¿Qué rol tuvo realmente la Logia Lautaro?

Sin duda tuvo influencia, pero hay que entender la independencia, primero, como la descomposición del Imperio Español. En ese proceso de descomposición, la logia no juega ningún rol decisivo. Lo que sí se le puede atribuir es que, en un momento de vacío de poder, permitió generar vínculos entre personas de la élite. Esos vínculos mantuvieron cohesión en la cúpula durante el tiempo suficiente para que las reformas se volvieran irreversibles. Eso contribuyó a la independencia, pero la independencia se estaba produciendo por un proceso mayor.

¿Y cómo analizas ese fenómeno en el contexto imperial más amplio?

Lo he analizado desde dos perspectivas. La primera es la representación: el Imperio Español, desde 1738, combatía al fantasma de la masonería. Veía un peligro llamado masonería y generó leyes e instituciones para combatir a una institución que en realidad no existía en el Imperio. La fue construyendo e imaginando. A tal nivel que cuando en 1808 comenzaron a instalarse logias reales en España, los españoles seguían combatiendo a esa logia imaginaria y no a las logias reales. Es en ese laboratorio asociativo donde surgen también sociedades secretas —los Caballeros Racionales, los Caballeros Orientales, la Logia de Guadalupe— que son formas embrionarias de sociabilidad secreta, antesala de los partidos políticos, en un contexto donde estos estaban prohibidos.

Q∴H∴ José Miguel Carrera Verdugo y el cráneo que es conservado en la iglesia de San Francisco de El Monte – Chile

¿Y el caso de José Miguel Carrera?

Carrera se inicia en la masonería en Estados Unidos, en un contexto en que la masonería ya era un club importante que congregaba a élites militares y políticas. Él ingresa a la Logia N°1 y eso le permite acceder a contratistas, prestamistas, generales: a las redes. Y en ese sentido es importante. Su incorporación a la masonería explica por sí sola lo que logró: armar dos o tres buques y venirse con una flota hasta el Mar del Plata.

El campo hoy: resistencias y futuros

¿Cómo ves el estado actual de la investigación histórica sobre masonería en Chile y América Latina?

Ha sido muy complicado. Hay mucha resistencia, no tanto desde las obediencias masónicas, sino desde las comunidades académicas. La masonería genera anticuerpos en ciertos sectores: desde la derecha más radical, que tiende al complotismo, hasta algunos sectores de izquierda, donde también existe un forcejeo histórico con el tema. En la universidad, siempre hay cierto desdén contra esta investigación: se la considera partisana, o fuera de la lógica académica que algunos querrían. Eso es complicado.

¿Y en términos prácticos?

Quienes nos dedicamos a esto somos cada vez menos, no más. Es imposible mantenerse en el tiempo investigando sin financiamiento estable. Si bien la Orden contribuye a este proceso, los financiamientos son acotados y eso reduce el campo de investigación. Es un problema estructural que no tiene fácil solución.

*Publicaciones de Felipe Santiago del Solar es Doctor en Historia y académico universitario. Es autor, entre otras obras, de la Historia de la Confederación Masónica Interamericana (2 vols.) y Las Logias de ultramar. En torno a los orígenes de la Francmasonería en Chile 1850-1862.

Revista Masónica Latinoamericana

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