El trabajo académico publicado en la revista REHMLAC+ (vol. 12, no. 2, diciembre 2019/junio 2020), por Valeria Aguiar Bobet de la Universitat Jaume I de Castellón, España, sin duda que abre debate, interrogantes y una gran expectación tanto para masones y no masones, en relación a la leyenda, mito y realidades de la masonería en el proceso de la independencia de América Latina y El Caribe.
Cuestión que, para nuestra Revista Masónica Latinoamericana, es de gran relevancia dada la importancia que estos hechos constituyen para la masonería de hoy ante los desafíos de la creciente pérdida del derecho internacional sobre temas consustanciales a la humanidad: la soberanía e independencia de los pueblos.
El problema central: mito versus historia
A partir de la presentación del libro La Masonería en la Independencia de América. Tres siglos de fundación de la masonería simbólica (1717-2017) de Diana Elvira Soto, Miguel Ángel Puig-Samper y José Pascual Mora-García quienes recogen una serie de artículos-conferencias realizadas en el “IX coloquio de historia social y de las ciencias”; coloquio que fue celebrado entre los días 20 y 23 de marzo de 2014 en las ciudades de Cartagena de Indias y Santa Cruz de Mompox, la autora de este análisis, Aguiar Bobet señala: el núcleo del libro es el debate historiográfico en torno a la relación entre la masonería y los procesos de independencia latinoamericana, vínculo que ha sido, históricamente, tanto sobrevalorado como distorsionado desde dos orillas ideológicas opuestas.
En España, el mito fue alimentado por el franquismo a través del llamado “contubernio judeo-masónico-comunista”, que convirtió a la masonería en una suerte de poder oscuro y conspirativo. En América Latina, en cambio, el mito tomó la forma contraria: la exaltación de la masonería como motor principal de la emancipación, impulsada por los propios masones y por una historiografía poco rigurosa que identificó a próceres como Simón Bolívar, San Martín o Francisco de Miranda con la orden, muchas veces sin respaldo documental sólido.
La tesis central del libro, retomada por la reseñista, es rotunda: las masonerías en América Latina fueron más bien una consecuencia de las independencias que una causa de ellas.
Los capítulos del libro reseñado:
José Antonio Ferrer Benimeli: Miranda y las logias de Lautaro
El primer capítulo, firmado por el principal estudioso español de la masonería, analiza la participación de Francisco de Miranda en sociedades secretas. La conclusión es reveladora: no existe evidencia de que Miranda haya pertenecido a ninguna logia masónica. Su participación en sociedades secretas responde a estructuras de naturaleza política, no masónica. El error recurrente, advierte Ferrer Benimeli, radica en la simplificación terminológica: confundir logias políticas con logias masónicas.
Fernando Campo del Pozo: Diego Francisco Padilla
El caso del agustino Padilla, consultor del Santo Oficio vinculado a independentistas colombianos, ilustra la ambigüedad de muchos próceres frente a la masonería: ni pertenencia comprobada ni rechazo absoluto, sino una relación oscilante entre la simpatía y la abjuración.
José Pascual Mora-García: Juan Germán Roscio
El estudio sobre este jurista venezolano, redactor de documentos constitucionales de la independencia, admite cierta vinculación con la masonería, pero la sitúa como secundaria. Lo que realmente importa es su pensamiento ilustrado y su contribución a la construcción de la nación venezolana.
Jairo Solano Alonso: Fernández Madrid y Fernández de Sotomayor
A diferencia de otros casos, estos dos intelectuales colombianos sí están documentalmente ligados a la logia cartagenera “Las Tres Virtudes Teologales”. Su protagonismo en la Primera República y en el levantamiento del 5 de agosto de 1810 se analiza desde la red de contactos que la masonería facilitó, sin caer en una lectura causalista simplista.
Carlos Paladines Escudero: José Mejía Lequerica
El capítulo de cierre explora las dimensiones internacionales de este orador ecuatoriano, situándolo en el contexto del llamado “éxodo de 1811” y sus conexiones con figuras como Wellington, San Martín y Miranda. La aportación más valiosa es precisamente ampliar el horizonte más allá de las fronteras nacionales que la historiografía tradicional había impuesto.
Valoración crítica
Aguiar Bobet reconoce el valor de la obra: profundiza en casos concretos, recurre a fuentes documentales y busca desmitificar la relación masonería-independencia con mayor rigor que estudios anteriores. Sin embargo, no elude una crítica fundamental: el libro incurre en ocasiones en aquello mismo que critica. Al sobredimensionar el papel de los próceres masones y enfatizar su compromiso con los valores de Libertad, Igualdad y Fraternidad, el texto termina perpetuando los tópicos que pretende desmontar. Las conclusiones, “siempre favorecedoras”, no llegan a resolver el debate planteado por Ferrer Benimeli.
El último anexo —una síntesis histórica de la Gran Logia Nacional de Colombia escrita desde dentro de la propia institución— ejemplifica esta tensión: el mito masónico no solo sobrevive, sino que se retroalimenta.
Reflexión final
La reseñista cierra con una pregunta que trasciende el ámbito académico: en lugar de combatir el mito, ¿no deberíamos preguntarnos por qué sigue siendo necesario? Los héroes de la independencia, masones o no, funcionan como espejos colectivos en los que los pueblos proyectan sus aspiraciones. La masonería, en ese imaginario, cumple una función simbólica que la historiografía, por rigurosa que sea, difícilmente puede desactivar por completo.
En definitiva, se trata de una obra valiosa e imperfecta a la vez, fiel reflejo de un campo historiográfico en permanente tensión entre el rigor documental y el peso de la memoria colectiva.
Revista Masónica Latinoamericana











