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A mis hermanos y hermanas de los Talleres del mundo: Salud, Fuerza y Unión.

Esta fecha convoca a los y las trabajadoras del mundo a detenerse, reflexionar y recordar el enorme esfuerzo y sacrificio que cerca de 450 mil trabajadores movilizados llevaron adelante la gran huelga de 1886 en los Estados Unidos. Obreros que días después, fueran víctimas de la cruenta represión impulsada por el gobierno del entonces demócrata Grover Cleveland.

La ciudad de Chicago tiñó de rojo carmesí sus calles: asesinatos, ejecuciones, torturas y la violación de los derechos de quienes marcharon para hacer valer una de sus más sentidas aspiraciones: «Ocho horas de trabajo, ocho horas de ocio y ocho horas de descanso». Reivindicación que es tan conocida al interior de los talleres de la Franc-masonería universal.

Ante esta demanda, quienes levantaron a viva voz durante la gran huelga para hacer valer sus mínimos y legitimos derechos junto a la dignidad de los y las trabajadores, tras un juicio irregular, la autoridad condenó a la horca a un importante número de los dirigentes sindicales y sociales que participaron de esta movilización, los cuales, muchos de ellos estaban asociados a la Federación de los Caballeros del Trabajo (Knights of Labor).

El mundo del trabajo se organiza y lucha

Algunos años antes, al otro lado del Atlántico, las calles de Europa fueron testigo de las grandes movilizaciones obreras. La ciudad de París se convirtió en el epicentro de la demanda de justicia social y laboral durante el recordado levantamiento de La Comuna de París (1871), donde, como en Chicago años después, la sangre obrera corrió entre los añejos adoquines de la Ciudad Luz.

En esa efervescencia de justas demandas sociales, los hermanos masones Eugène Pottier, en la letra, y Pierre Degeyter, en la música, entregaron al mundo del trabajo el himno de la Internacional de la clase obrera: un legado que lleva nuestra impronta fraterna.

Hoy, en el contexto de la aguda crisis política, económica, social, ambiental y cultural que atraviesa la humanidad y que demanda con urgencia la construcción de un nuevo orden internacional basado en las relaciones multilaterales y de cooperación —pese al esfuerzo desmedido por frenar estas reivindicaciones por las corporaciones y los países que las sustentan—, el mundo del trabajo vuelve a salir a las calles exigiendo “libertad de asociación y sindical, el reconocimiento efectivo de la negociación colectiva, la eliminación del trabajo forzoso, la abolición del trabajo infantil y el fin de toda discriminación en materia de empleo y ocupación“.

Una clase trabajadora mundial que se ve envuelta en los conflictos de intereses del poder imperial, sector dominante que ha puesto en jaque la frágil arquitectura de las relaciones internacionales alojada en una Organización de las Naciones Unidas cuestionada por su débil capacidad de intervenir ante los conflictos y genocidios que se perpetúan a diario en Gaza, el Líbano, Sudán, el Sahara Occidental y los pueblos originarios de América Latina y El Caribe.

El planeta ya no puede esperar.

La grave crisis ambiental provocada por una codiciosa política extractivista —que agota los escasos recursos naturales, devasta millones de hectáreas arbóreas y privatiza los recursos hídricos— ha puesto en peligro la subsistencia de la humanidad, desplazando a millones de seres humanos de sus territorios en busca de sobrevivencia. Es la cara más cruel de la precariedad y las condiciones de vida de millones de personas en el mundo.

Por ello, la masonería debe hacer un urgente llamado este Primero de Mayo a reflexionar sobre el mundo que habitamos, a movernos para transformar las relaciones sociales, económicas, laborales, políticas y culturales en la construcción de una humanidad fraterna, igualitaria, equitativa, con justicia social y en libertad.

Con fraternidad y en el espíritu del trabajo,

Camilo Caballero G. M:.M:.

1.º de Mayo · Día Internacional del Trabajo

Libertad · Igualdad · Fraternidad

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