La relación de Salvador Allende Gossens con la masonería no fue una decisión arbitraria ni un gesto político calculado. Era, ante todo, una herencia. Su abuelo y su padre habían sido masones, y esa tradición —profundamente enraizada en los ideales ilustrados que forjaron la independencia latinoamericana— gravitó sobre el joven Salvador desde muy temprano, llevándolo a manifestar su deseo de ingresar a la Gran Logia de Chile.
Fue el dentista Jorge Grove Vallejo, Venerable Maestro de la Logia Progreso N°4 de Valparaíso y hermano del célebre Marmaduke Grove, quien lo invitó formalmente a unirse a la Orden. El 18 de julio de 1935, Allende declaró querer ingresar “libre y espontáneamente”, con el único propósito de “ser útil a la humanidad”. Cuatro meses después, el 16 de noviembre de ese mismo año, firmó el “Testamento Masónico” y fue admitido como nuevo hermano.
Para ser recibido en la Orden, Allende debió responder un cuestionario de tres preguntas.
Sus respuestas revelan con asombrosa claridad la filosofía que guiaría toda su carrera pública. Ante la pregunta por los deberes del hombre hacia sus semejantes, respondió que el hombre “es sólo un engranaje del conglomerado social” y que su vida debe estar al servicio de los demás. Sobre sus deberes consigo mismo, señaló que debía organizar su existencia según una concepción clara de sus obligaciones y derechos, siempre subordinados a los de los demás. Y en cuanto a la memoria que deseaba dejar, fue categórico: la de haber sido útil a la sociedad, “impulsando cada día su perfeccionamiento espiritual, moral y natural”.

Allende comenzó su vida masónica en la Logia Progreso N°4, donde obtuvo los grados de Aprendiz y Compañero. Al trasladarse a Santiago, se afilió el 8 de noviembre de 1940 a la Logia Hiram N°65, donde alcanzó el tercer grado de Maestro Masón y ejerció sucesivamente como Primer Vigilante, Miembro del Tribunal y Diputado de la Respetable Logia, hasta ser elegido Venerable Maestro para 1951. En octubre de 1955 fue investido como Caballero de la Orden de los Constructores Masones.
Quince años después, el 14 de abril de 1970, la Logia Franklin N°27 lo invitó al Gran Templo de la Gran Logia de Chile, donde pronunció de manera improvisada una plancha de 82 minutos, grabada íntegramente por la misma logia. El 28 de octubre de ese año, pocos días después de su elección como Presidente de la República, la Gran Logia celebró una Tenida Extraordinaria en su honor, presidida por el Gran Maestro René García Valenzuela.
Era un momento sin precedentes en la historia mundial: por primera vez, un político socialista y marxista llegaba al gobierno a través del voto popular democrático.
Ante quienes cuestionaban la participación política de la masonería, Allende respondió que los masones “giramos en torno de la Igualdad, la Libertad y la Fraternidad como suprema síntesis de la convivencia colectiva”, y que la Orden tenía el deber de impulsar una sociedad exenta de alienaciones, sin cesantía, sin enfermedad evitable, sin analfabetismo ni falta de vivienda. Para él, los valores de la fraternidad universal no eran incompatibles con la lucha por el socialismo; eran, en el fondo, su fundamento moral”.
Su gobierno intentó trazar un camino inédito: construir el socialismo por la vía democrática, apoyándose en las tradiciones institucionales chilenas. La nacionalización del cobre fue su logro parlamentario más significativo. Sin embargo, su programa despertó una oposición feroz, tanto interna como internacional, en pleno contexto de la Guerra Fría. El 11 de septiembre de 1973, un golpe de Estado encabezado por el general Augusto Pinochet con el apoyo de los EEUU, derrocó al gobierno constitucional.
Ante la exigencia militar de rendirse, Allende eligió resistir en el Palacio de La Moneda. Dirigió sus últimas palabras al pueblo chileno y, a las dos de la tarde, se suicidó en el lugar donde el pueblo lo había puesto: como Presidente de Chile.
Aquel hombre que treinta y ocho años antes había jurado, al pie de un cuestionario masónico, ser útil a sus semejantes e impulsar el perfeccionamiento de la sociedad, cumplió su palabra hasta el último instante.
Revista Masónica Latinoamericana.











