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En un remoto pueblo indígena zapoteco, San Pablo-Guelatao, enclavado en las montañas del estado de Oaxaca, nació un 21 de marzo de 1806 el hombre que dejaría uno de los legados más duraderos en la historia de México: el marco de leyes e instituciones que constituye la base del país actual. Hace exactamente 220 años llegaba al mundo Benito Juárez.

Presidente de México entre 1858 y 1872, Juárez gobernó en una época decisiva, cuando las instituciones políticas y sociales se transformaban para fundar un nuevo sistema donde la máxima autoridad recayera en el Estado laico y donde cada persona pudiera gozar de derechos y libertades individuales, participar en la toma de decisiones y ver representadas sus demandas en la forma de gobierno.

Fue un proceso de cambio profundo que construyó los cimientos de nuevas instituciones, iniciativas que enfrentaron las fuertes resistencias de los sectores más conservadores, quienes vieron en las Leyes de Reforma una amenaza directa a sus intereses. A lo largo de todo este proceso, Juárez actuó como un líder que protegió las conquistas alcanzadas por el grupo liberal y defendió la soberanía de México frente a las intervenciones de las potencias extranjeras, incluyendo la invasión francesa y el efímero Imperio de Maximiliano. Un país no exento de conflictos, con olor a pólvora, pero sobre ese suelo convulso se tendieron los rieles de la modernidad.

Juárez: el indígena, el presidente y hermano masón

Benito Juárez fue masón. Este dato, mencionado con frecuencia, pero pocas veces examinado con rigor, resulta esencial para comprender la profundidad de su proyecto político. Sin duda, uno de los legados más significativos que Juárez dejó a mitad del siglo XIX fue la separación definitiva del poder político y el eclesiástico, con la cual México se constituyó como Estado laico.

Sin embargo, sería un error interpretar la figura y las acciones de Juárez como aisladas, pues provienen de movimientos políticos e ideológicos concretos. Uno de ellos es la masonería, en su ramificación del Rito Nacional Mexicano, corriente que nutrió el liberalismo reformista de la época y que encontró en Juárez a uno de sus exponentes más ilustres.

En torno a sus grados masónicos existe cierto debate. Pero lo que no está en duda es su pertenencia al Rito Nacional Mexicano

Doscientos veinte años después de su nacimiento en aquella sierra oaxaqueña, la figura de Benito Juárez sigue siendo inseparable del México moderno. Su origen indígena zapoteco, su ascenso hasta la presidencia de la República, su defensa de la soberanía nacional y su obra reformadora conforman una trayectoria que difícilmente tiene parangón en la historia latinoamericana del siglo XIX.

Comprender a Juárez en su totalidad exige no separarlo de las redes intelectuales, políticas y fraternas que lo formaron y que él, a su vez, contribuyó a transformar. La masonería fue parte de esa trama. Y México, en buena medida, es hijo de esa historia.

Revista Masónica Latinoamericana

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